Ha pasado tan solo una semana y pareciera que hubiera transcurrido un mes. El pasado 24 de marzo se incendió el edificio que albergaba la Librería Crisis y, desde el día siguiente, el hall de CENTEX del Ministerio de las Culturas se transformó en un centro de acopio de lo que pudo rescatarse del fuego, las cenizas y el agua. Primero como un espacio de resguardo inicial y luego, de manera muy orgánica y expedita desde lo institucional, como un lugar de rescate y salvaguarda del valioso archivo de la Librería Crisis.
Tan natural fue la respuesta del edificio de Sotomayor que este accionar permeó rápidamente a la ciudadanía, que ya tenía un vínculo afectivo con la Librería y se acercó de forma voluntaria y rauda para ver cómo podía colaborar en el rescate.
El primer gesto fue el traslado —en bolsas, cajas o como se pudiera— del material que Marilén Llancaqueo y su hijo Antuac, en primera línea y a pie de las brasas ya apagadas, iban retirando desde estantes quemados, cajones o vitrinas siniestradas. Afortunadamente, el hall de CENTEX se encuentra a solo unos metros, lo que permitió que muchas personas presenciaran este constante peregrinar de voluntarios que, con guantes y mascarillas, trasladaban lo rescatado. Ese mirar ciudadano, que podría parecer morboso, no lo era: se trataba de una observación sensible, de ojos cargados de pena ante la visión de un espacio cultural histórico casi completamente devorado por el fuego.
La prensa ha hablado de una pérdida cercana al 90 % del total de la Librería. Sin embargo, se están realizando todos los esfuerzos posibles para rescatar al menos el archivo de Mario Llancaqueo, padre de Marilén, fallecido en 2021.
Este archivo da cuenta de la historia misma de la ciudad: primeras ediciones, grabados de Loro Coirón, vinilos y un sinnúmero de textos y documentos que don Mario conservó desde 1991. Y quizá desde antes, pues se sabe que durante el inicio de los años ´70 ya contaba con una librería —La Nueva Era—, legado que, en parte, también sucumbió a las llamas.
Una rápida respuesta
Como señalábamos, al día siguiente del incendio tanto CENTEX como el Servicio Nacional del Patrimonio se pusieron manos a la obra. En este contexto, la preocupación del Archivo Regional de Valparaíso, dependiente de la Dirección Regional del Patrimonio (SERPAT), se manifestó desde el primer momento.
Desde su instalación en la región hace dos años, el Archivo Regional mantiene vínculos con archivos de la sociedad civil que custodian documentos relevantes para la historia y el desarrollo de Valparaíso, siendo el Archivo de Mario Llancaqueo un acervo de alto valor patrimonial.
“Cuando se pudo ingresar al inmueble la mañana del miércoles 25 de marzo, a pocas horas del incendio, se buscó actuar rápidamente para activar acciones de rescate de los libros y documentos que podían salvarse. Desde el Archivo Regional coordinamos labores de recuperación, secado y limpieza del material afectado, activando protocolos de rescate documental y siguiendo las orientaciones entregadas por la Unidad de Patrimonio Gráfico y Documental del Centro Nacional de Conservación y Restauración del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural”, señaló Paulina Bravo, conservadora del Archivo Regional de Valparaíso, del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural del MINCAP.
De esta manera, con diligencia y en conjunto con CENTEX, se habilitó un espacio apropiado con mesones y circulación constante de aire, donde se buscó diferenciar los documentos y libros pertenecientes al Archivo de Mario Llancaqueo de aquellos propios de la librería. La documentación fue separada según su nivel de humedad y se iniciaron procesos de estabilización, secado por ventilación con papel absorbente y ventiladores, evitando zonas estancadas y procediendo posteriormente a su identificación.
Desde ayer y durante los próximos días, el Archivo Regional ha establecido estaciones de trabajo con criterios claros de intervención. En tanto, la campaña Adopta un Libro, que permitió que muchas personas se llevaran libros siniestrados a sus bibliotecas personales, ha entrado en una pausa, concentrándose ahora los esfuerzos en el rescate del archivo histórico de la Librería Crisis.








