Durante todos los viernes de agosto, Centex se convirtió en un espacio de encuentro para el teatro gracias a un ciclo protagonizado por mujeres, tanto en la interpretación como en la dirección, dramaturgia y apoyo técnico.
La iniciativa surgió a partir de las postulaciones que recibe el centro cultural por parte de la ciudadanía y que permiten nutrir su programación anual con propuestas diversas y significativas.
Dos veces al año, Centex abre una convocatoria para el uso de sus distintos espacios. A través de este proceso llegan proyectos de conciertos, talleres, lanzamientos de libros, conversatorios, ferias, seminarios y montajes escénicos que dialogan con la programación permanente del centro.
En esta ocasión se produjo una feliz coincidencia: varias propuestas teatrales, lideradas por mujeres y especialmente adecuadas para el formato íntimo del Auditorio, confluyeron en un mismo período. Así nació el ciclo Escenas de Mujeres, una instancia que reunió distintas miradas, experiencias y lenguajes escénicos.
La primera función fue CASA, una experiencia sensible y emotiva en la que una mujer invita al público a recorrer las casas que han marcado su vida. A través de recuerdos, afectos y proyecciones, la obra abrió las puertas de los espacios que habitan la memoria y la imaginación.
La propuesta, interpretada por Izaskun Montoya, con mediación de María Jesús Pávez y dirección de Teatro Umbral, ofreció una aproximación honesta y profundamente humana al teatro, estableciendo una conexión íntima con quienes asistieron.
La segunda jornada trajo consigo una alta convocatoria y una invitación a dialogar sobre temas que muchas veces resultan difíciles de abordar. Diógenes, interpretada por Rebecca Bailey Garcés y Javiera del Real, acercó al público a cuestiones relacionadas con la salud mental, la enfermedad, la soledad y la resiliencia.
A través de un lenguaje poético y una necesaria cuota de humor negro, la obra generó momentos de profunda emoción y reflexión. La dirección estuvo a cargo de Francisca Valenzuela.
El tercer viernes de agosto el auditorio volvió a llenarse para recibir Vino por la causa, una comedia que, desde el humor y la inteligencia, abordó distintas experiencias de la migración y la convivencia intercultural.
La obra reunió a una mujer peruana y a una mujer mapuche del sur de Chile, personajes que enfrentan la discriminación y distintas formas de injusticia, pero que también encuentran puntos de encuentro a través de sus saberes, tradiciones y gastronomías.
Las interpretaciones de Macarena Paredes y Gabriela Fernández Chang, quien además participó en la dramaturgia, dieron vida a una historia que demuestra cómo el diálogo y el reconocimiento mutuo pueden derribar prejuicios y construir nuevas formas de entendimiento. También destacó la participación del actor haitiano Junior Bazile, cuyo aporte final dejó una huella significativa en el montaje.
El ciclo concluyó con una propuesta distinta y de gran intensidad: Teresa de la Cruz, Teresa Wilms Montt, unipersonal inspirado en los textos publicados por la escritora chilena antes de su muerte, ocurrida a los 27 años.
La actriz Gabriela Arancibia dio vida a esta figura fundamental de la literatura y el pensamiento feminista de comienzos del siglo XX, ofreciendo una interpretación comprometida y conmovedora. La conversación posterior a la función fue tan cálida como enriquecedora. Las y los asistentes compartieron reflexiones sobre la vida y obra de Teresa Wilms Montt, una trayectoria marcada por las tensiones de su época, los excesos, las restricciones a su libertad y la separación de sus hijas.
Entre el público se encontraba incluso un familiar directo de la escritora, quien agradeció el montaje y aportó antecedentes poco conocidos sobre su vida, como la existencia de una placa conmemorativa en una casona de la subida Traslaviña, en Viña del Mar, donde habitó durante parte de su vida.
Escenas de Mujeres fue, sin duda, una experiencia enriquecedora para quienes participaron de este recorrido por distintos universos teatrales. Un ciclo que puso en valor la creación escénica liderada por mujeres, generó espacios de encuentro y conversación, y reafirmó la capacidad del teatro para acercarnos a otras experiencias, sensibilidades y formas de mirar el mundo.
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