Los últimos telegrafistas se reúnen en CENTEX Publicado el 31 mayo, 2026

El pasado miércoles 27 de mayo se reunieron en la Sala Imagina de CENTEX los últimos telegrafistas del país, representantes de un oficio que mantuvo presencia laboral hasta 1981, cuando este método de comunicación dejó de utilizarse de manera regular junto al servicio postal en el edificio de Correos de Chile, inmueble que hoy alberga al Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio en Valparaíso.

La labor del telegrafista exigía precisión, concentración y destreza técnica: recibir y transmitir mensajes, operar equipos especializados y, en muchos casos, codificar y decodificar comunicaciones en lenguaje Morse. No es casual, además, que este encuentro haya tenido lugar en Valparaíso, ciudad donde en 1852 se realizó el primer ensayo del telégrafo eléctrico en Chile, un hito decisivo en la historia de las comunicaciones del país.

En este grupo de personas mayores se percibía el orgullo de haber cultivado un conocimiento que hoy casi nadie posee: un código común que aún los une y una historia rica, aunque poco conocida. Son los últimos telegrafistas con vida en Chile, hombres y mujeres que trabajaron con una tecnología que durante décadas permitió acortar distancias y conectar personas, instituciones y territorios.

Nueve hombres y mujeres, todos sobre los 70 años, hablaron, rieron y discreparon como si fueran compañeros de curso. En ellos se advertían la confianza, la cercanía y la genuina preocupación por saber del otro. Aunque ese miércoles se reunieron de manera presencial, ya cuentan con un grupo virtual a través del cual se mantienen en contacto y que suma 14 integrantes. Allí, al parecer, Marcelita es una de las más dicharacheras, algo que quedó claro cuando llegó atrasada junto a otra colega de Villa Alemana, Leonor. Más tarde supimos que la primera había sido supervisora y la segunda, experta en Morse.

Jorge, en tanto, ejercía con naturalidad el liderazgo del grupo, alentando la conversación y ordenando la reunión. Al comienzo, varios se mostraban algo tímidos, pero poco a poco fueron compartiendo experiencias y puntos de vista. Entre ellos, Angélica destacó por su entusiasmo y participación.

Una publicación en el horizonte

Uno de los propósitos de esta primera reunión en CENTEX fue encontrarse con la profesora de literatura Claudia Vila, quien los orientó en torno a un desafío que el grupo ya ha comenzado a asumir: escribir sus historias como telegrafistas.

En ese contexto, la académica les explicó, por ejemplo, las diferencias entre un cuento y una crónica, subrayando que lo que ellos están haciendo —o debieran hacer— son crónicas, ya que se trata de relatos nacidos de sus propias vivencias y no de la ficción.

En esta etapa, el empuje de Jorge ha sido fundamental. Varios de ellos tienen un manejo limitado de las herramientas tecnológicas: no cuentan con computador o, si lo tienen, no saben usar programas básicos como Word. Eso sí, todos manejan Facebook y WhatsApp.

“Nuestra idea es que cada uno pueda contar su experiencia operacional, qué hacía en su puesto de trabajo, describirlo. Eso ha costado, porque la memoria falla. Luego, desde lo humano y desde los sentires, queremos compartir nuestra mirada: eran tiempos difíciles. Y, por qué no, también algún chascarro o alguna broma” comentó Jorge Cáceres, coordinador del grupo.

Carlos González, el más veterano

El profesor Carlos, como lo llamaba el grupo, ingresó al servicio en 1961. Contó que cursó durante tres años una formación exigente, con una fuerte base matemática. Más tarde, él mismo llegaría a desempeñarse como profesor de Tecnología.

El resto del grupo, entre 10 y 15 años menor que don Carlos, ingresó hacia 1975 a un programa acelerado de formación para desempeñarse como personal postal o telegrafista, debido a una leve escasez de trabajadores en el servicio de Correos.

Casi todos, recién salidos del colegio, accedieron de inmediato a un empleo, aunque —según recalcaron— muy mal remunerado. Sin embargo, la mística que adquirieron en esos años perdura hasta hoy.

El cierre institucional de ese mundo llegó con el DFL N.º 10, promulgado el 24 de diciembre de 1981, que creó la Empresa de Correos de Chile, dispuso la constitución de Telex-Chile y puso término a la existencia legal del Servicio de Correos y Telégrafos.

En Valparaíso, como en otros puntos del país, aquello marcó el fin de una época: la del telegrafista como figura cotidiana del sistema de comunicaciones.

Estuvieron presentes Leonor Alvarado, Marcela Villa, María Ramos, Angélica Ortiz, María Inés Bobadilla, Carlos González, Lautaro Osorio, Juan Escalona y Jorge Cáceres.


En las imágenes se observan fotografías de la reunión, así como documentos de la época, entre ellos liquidaciones de sueldo y registros del club deportivo de Correos.

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