Club de Dibujo reúne a personas interesadas en el estudio de la figura humana con modelo vivo. En tiempos marcados por la velocidad de las imágenes digitales, esta práctica propone otro ritmo: mirar con atención, trabajar desde la presencia del cuerpo y recuperar el papel como espacio de aprendizaje.
Todos los jueves por la tarde se desarrolla en Centex el Club de Dibujo, una instancia que despierta gran interés cada vez que abre sus inscripciones. En medio de un presente atravesado por pantallas, imágenes veloces y herramientas digitales, volver al lápiz, al papel y a la observación directa aparece como una práctica sensible, exigente y profundamente vigente.
El taller trabaja con modelo vivo y pone al centro el estudio de la figura humana, una práctica tradicional en la formación artística que permite desarrollar la mirada, comprender el cuerpo, ejercitar la técnica y abrir nuevas formas de relación con el dibujo. Para conocer más sobre este espacio, conversamos con André Lepe, uno de sus coordinadores, quien junto a Gisselle Ávila y Cristóbal Racordón hace posible esta experiencia formativa en Centex.
¿Cómo surge esta propuesta de trabajar el dibujo de figura humana con modelo vivo en Centex?
El taller nace de la necesidad de entregar conocimientos más estructurados sobre el dibujo de figura humana a la comunidad, y de ser un aporte para quien no siempre tiene la posibilidad de asistir a clases presenciales con modelo vivo. Concretamente, nace de un grupo que lleva algunos años dibujando con modelo en vivo: partió el 2023 junto a Betiana, fundadora de Tardes de Dibujo, y hoy es un club sin guía, lo cual también tiene su valor; el dibujo libre tiene lo suyo. Pero este año el grupo buscaba algo más estructurado, recibir instrucción. Yo había participado de ese club antes y, además, tengo una escuela formal en Viña del Mar dedicada al dibujo clásico, Bastión, así que me contactaron para armar el taller, no solo para integrantes del club, sino abierto para quien quisiera.
El trabajo con modelo desnudo tiene una larga tradición en la formación artística. ¿Cómo se aborda esa experiencia dentro del taller? es un desafío?
Yo discreparía de que sea un desafío. Es lo más normal y común para los artistas dibujar con un o una modelo desnuda. La figura humana es, por excelencia, una herramienta de aprendizaje dada su complejidad: al trabajar sobre una base desnuda tenemos más información para analizar, observar y practicar.
¿Cómo se organiza cada sesión y qué tipo de ejercicios realizan quienes participan?
El programa está pensado para seis clases, que van progresivamente educando a los participantes sobre el ejercicio de realizar un dibujo de larga duración. Empezamos con poses breves, de 30 segundos a cinco minutos, para luego, en las últimas sesiones, hacer una única pose de cuatro horas. Mientras más tiempo puedo observar un objeto tan rico en información como una figura humana, más agudizo mi mirada y mejoro como dibujante o artista. Los aprendizajes del dibujo a partir de la observación directa se pueden llevar a diversas prácticas. La dinámica también incluye observaciones colectivas y momentos de acompañamiento individual. Me interesa que cada participante encuentre su propio modo de dibujar, sin que la corrección se transforme en una imposición de estilo. La idea es incorporar fundamentos del dibujo clásico al estilo del participante. El objetivo es aprender a mirar y tomar decisiones gráficas con mayor conciencia.
Desde tu experiencia, ¿qué aspectos han fortalecido el desarrollo del taller y cuáles han sido sus principales dificultades?
A favor: el nivel general de los participantes es muy parejo, lo que permite avanzar de manera adecuada en los contenidos. La mayoría tiene algo de experiencia: son artistas, ilustradores, arquitectos, diseñadores, escultores, entre otras profesiones. Me da mucha alegría que se realice una actividad de este tipo en la región.
En contra: el tiempo. Estudiar dibujo, sobre todo figura humana, requiere práctica y paciencia, y abordar la totalidad de los contenidos en seis sesiones es imposible. Un estudiante de otros ateliers o escuelas, como la Barcelona Academy of Art o similares, puede dibujar a una misma modelo durante horas y semanas; eso, sumado a una formación guiada, es una educación premium, con un valor que no la hace accesible para todos.
En un contexto donde muchas prácticas artísticas se han desplazado hacia otros soportes y lenguajes, ¿ves en este taller una forma de recuperar saberes vinculados al dibujo con modelo vivo?
Creo dos cosas. Primero, hay una crisis sobre la imagen en general: hoy más que nunca vemos muchísimas imágenes a diario. Nunca antes en la historia de la humanidad se habían producido tantas y a tal velocidad, pero pienso que la mayoría carece de profundidad. Entonces hay una especie de revolución artística: han nacido muchos ateliers y escuelas con enfoque en dibujo clásico y pintura, una contracultura de la cual soy parte junto a mi escuela Bastión. Me he dado cuenta de que hay personas con una necesidad enorme de conectar con sus cuerpos, con la materia, el papel, el grafito, con procesos lentos que dotan de más significado a su propia obra.
Segundo, me da la impresión de que las universidades están un poco abombadas: por un tema curricular no son capaces de cubrir esta necesidad en el arte figurativo, tienen pocas horas de dibujo o pintura, y no siempre enfocadas en el arte clásico o más realista, o con especialidad en figura humana. Tengo varios alumnos que vienen de otras instituciones a mejorar su dibujo y observación, algunos ya profesores de arte. Ahora, tampoco es culpa de las universidades: el arte es muy amplio, sobre todo el “arte moderno”; también existen las performances, las instalaciones, etc. Hoy veo que se están recuperando algunos saberes, y esa necesidad está siendo cubierta por escuelas particulares. No vengo de ese mundo, es lo que sé por otros profesores, artistas y alumnos. Al final, pienso que estamos todos en formación y podemos decidir qué podemos obtener de todos estos conocimientos.
André Lepe
André Lepe lleva el dibujo en las venas. Aprendió a dibujar desde pequeño, absorbido por su propio contexto: su mamá es profesora de artes. Se dedicó a la publicidad, a la dirección de arte y al diseño. De esas experiencias entendió la importancia de tener una amplia cultura visual. Siempre ha estado ligado a la imagen. Su formación en dibujo figurativo viene un poco después, de escuelas particulares, algunas con maestros que fueron a aprender a Europa. Allí empezó a valorar la técnica y la tradición. De la publicidad rescata otra cosa: la habilidad para transmitir ideas.
“El dibujo es una actividad sensible y muy compleja, y esa capacidad ayuda a que los alumnos entiendan bien los conceptos. En el caso del Centex, muchos ya llegan con su propia base de experiencia. Siempre me ha gustado hacer clases. Este es el primer año de mi escuela y estoy contento de poder transmitir conocimiento a tantas personas. Este taller ha tenido una excelente convocatoria: más de 80 inscritos en tres días, lo cual refleja el interés de la comunidad”, comentó Lepe.
Su propio bastión
“Para mí, volver al papel es importante: volver a los fundamentos, comprenderlos y dotarlos de una mirada contemporánea. Así nace Bastión, el espacio donde hago clases en Viña del Mar; un lugar, una estructura que sostiene estos saberes y vuelve a lo humano como instancia de aprendizaje. Es un ambiente riguroso, pero muy cálido. Cada vez que aprendo más, siento que no me dará la vida para todo lo que quiero hacer. De momento estoy concentrado en enseñar, aportar un pequeño grano de arena a esta gran comunidad de artistas porteños”, finalizó.








